Aferrarse al placer

No es el hecho de que las flores se marchiten lo que nos provoca sufrimiento, sino el deseo irreal de que no lo hagan. Por ello, si la mente es consciente de esto y logra desembarazarse de la adhesión, el sufrimiento derivado de las experiencias agradables se aminora o desaparece. De este modo, nos volvemos capaces de disfrutar de las flores, aun sabiendo que acabarán por marchitarse.